Koldo García, diseñador y experto en digitalización cultural
JUNIO 2025Koldo García lleva más de dos décadas trabajando en la intersección entre arte, cultura y tecnología. Desde su empresa Madpixel, ha impulsado proyectos pioneros en la digitalización del patrimonio artístico, colaborando con centenares de museos e instituciones de todo el mundo y desarrollando herramientas como Second Canvas, que permiten explorar obras en súper alta resolución. Su enfoque combina la excelencia técnica con una clara voluntad de hacer el arte más accesible, comprensible y disfrutable para todos los públicos.
Además, participa en iniciativas como Bakarts, centrada en la certificación digital de obras de arte mediante blockchain, o We Love GLAMs, una plataforma de consultoría y divulgación digital para instituciones culturales.
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“ En 1999 fundamos una empresa dedicada a proyectos digitales en general. Pero a partir de 2010 empezamos una colaboración muy potente con Google; nos propusieron un proyecto para presentar obras de arte en Google Earth y ver si se podían explorar en súper alta resolución. Hicimos un proceso de investigación sobre cómo podía abordarse un proyecto de esas características y, finalmente, salió adelante. Fue un éxito para todos los participantes: Google, el Museo del Prado y nosotros. Esto nos llevó a especializarnos en la digitalización en súper alta resolución de obras de arte. Desde entonces, hemos desarrollado cada vez más soluciones orientadas a la difusión digital del contenido de los museos, y actualmente somos una empresa especializada en ello.
Eres diseñador y emprendedor, con una fuerte conexión con el mundo cultural. ¿Qué te llevó a enfocar tu carrera hacia la digitalización del patrimonio y los museos?
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Desde Madpixel, Bakarts o We Love GLAMs habéis colaborado con instituciones culturales muy diversas. ¿Qué te atrae de este sector y qué barreras encuentras en su transformación digital?“ Trabajar con este sector es muy atractivo porque trabajas con un contenido maravilloso: las obras de arte. Tanto si se trata de digitalizar una pieza concreta, como una colección permanente o una exposición, el resultado es siempre gratificante. Las barreras principales tienen que ver con la escasez de recursos. Muchas instituciones tienen ganas de innovar, pero no siempre pueden abordarlo por falta de presupuesto o personal. Además, como en otros sectores, hay profesionales más abiertos a la tecnología y otros más reticentes.
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¿Hay alguna idea o principio que guíe tu forma de afrontar los proyectos más allá del enfoque profesional?“ Intentamos estar muy alineados con la misión del museo: conservar, divulgar, educar... Nos centramos especialmente en esta última parte, ofreciendo herramientas que permitan una mejor difusión del contenido, y que acerquen el arte a la ciudadanía. Queremos que quien acceda a nuestras experiencias salga con más conocimiento y sensibilidad de la que tenía al entrar.
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Sueles hablar de tecnología, arte y cultura como un todo. ¿Cómo entiendes esa intersección y qué crees que aporta a la experiencia del público?“ La tecnología está en todas partes. A veces se piensa que solo lo digital es tecnología, pero unas gafas también lo son. En nuestro caso, lo digital —especialmente lo online— permite llegar a públicos que no pueden acceder físicamente a los museos: por distancia, por edad, por limitaciones físicas... Hasta ahora, lo digital ha funcionado como un altavoz del museo físico, pero creemos que puede ser una interfaz propia, capaz de desarrollar experiencias que solo tienen sentido en ese medio.
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La galería virtual del Ayuntamiento de Irun es un proyecto singular: dar visibilidad a obras que estaban guardadas. ¿Cómo surgió esta propuesta y qué la hace especial?“ Llevábamos tiempo queriendo hacer un proyecto de este tipo; veíamos que las visitas virtuales tienen especial sentido para colecciones no expuestas. Muchos museos solo muestran una parte mínima de su colección; el resto está almacenado. En el caso del Ayuntamiento de Irun, algunas piezas estaban en espacios municipales, pero muchas otras no eran accesibles al público. Lo digital permitía crear un espacio virtual para hacerlas visibles.
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Crear un espacio virtual desde cero tiene sus propios retos. ¿Cómo fue el proceso creativo y técnico para imaginar esta galería online?“ Nos enfrentamos a retos similares a los de un espacio físico: cómo presentar la colección, cómo organizar las obras, qué recorrido tiene sentido. El reto está en lograr coherencia narrativa y visual. En el futuro esperamos liberarnos de las limitaciones físicas convencionales y aprovechar las posibilidades del entorno digital para construir nuevos espacios y maneras de ofrecer e interactuar con los contenidos.
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¿Cómo lograsteis que la visita virtual fuera más que “ver obras online” y se convirtiera en una experiencia inmersiva?“ Nos preocupan las herramientas de mediación con el contenido. Igual que en el museo físico necesitas una guía o un folleto, en lo digital buscamos herramientas que faciliten la interpretación y aporten contexto. Incluimos un tour introductorio de dos minutos, con recorrido automático pero también navegación libre. Hemos desarrollado una versión extendida del tour, con paradas en obras seleccionadas, información detallada, zoom, narrativas... También trabajamos en visitas guiadas en remoto y en directo, con interacción en tiempo real. Incluso estamos probando llevar estas experiencias a cines o auditorios.
- “ “Queremos que quien acceda a nuestras experiencias salga con más conocimiento y sensibilidad de la que tenía al entrar.”
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El recorrido incluye más de 50 obras en súper alta resolución. ¿Qué papel juega la tecnología en cómo percibimos estas piezas y en su accesibilidad?“ La experiencia física es irreemplazable, pero la súper alta resolución permite descubrir detalles invisibles a simple vista. Incluso los propios equipos de los museos se sorprenden con lo que pueden ver. Hay anécdotas como una obra de Van Gogh en el Museo Thyssen, donde se detectó una textura que confirmaba una hipótesis sobre su técnica: al apoyar lienzos unos sobre otros cuando aún estaban frescos, dejaba huellas de la trama del lienzo en otras obras. Este nivel de detalle enriquece la experiencia enormemente.
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¿Qué ha supuesto para ti trabajar con esta colección y con figuras como Menchu Gal, Zuloaga o Sistiaga?“ Ha sido muy ilusionante. La colección del Ayuntamiento de Irun tiene muchas obras de Menchu Gal, una artista muy significativa para el entorno. Poder mostrar su obra —sin desmerecer al resto— ha sido un placer. Ahora también estamos trabajando con la colección del Gobierno Vasco.
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¿Cómo surgió tu conexión con el BDCC? ¿Qué objetivos compartís o qué te llevó a conectar con su misión?“ Me pareció muy interesante la iniciativa: un hub que apoya a las industrias culturales y creativas en Euskadi. Nuestra alineación es total. Somos una ICC, y contar con un respaldo institucional que dinamiza y apoya de diversas formas es muy valioso.
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En tu opinión, ¿qué papel juega un hub como BDCC en el ecosistema cultural y creativo actual?“ Puede asumir muchos roles: soporte formativo, informativo, acceso a recursos, pero también dinamizador. No solo facilita herramientas, sino que impulsa el crecimiento del sector, favoreciendo más estructura, más colaboración, más negocio.
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¿Qué tipo de colaboraciones o sinergias has vivido gracias al BDCC?“ Hemos participado en eventos organizados por el BDCC que nos han servido para conectar con agentes del sector en Euskadi y también con redes culturales europeas. Aunque no hemos participado directamente en sus proyectos, las iniciativas nos parecen muy interesantes.