Janos Keresnyei, impulsor de ecosistemas creativos e innovación cultural
JUNIO 2026"Las industrias culturales y creativas no son un lujo; son uno de los motores más potentes del desarrollo económico"
Con más de treinta años de experiencia en televisión, radio, producción audiovisual, desarrollo de clusters y consultoría estratégica, Janos Keresnyei lleva décadas trabajando en la intersección entre cultura, creatividad y empresa. Cofundador del Creative Industry Cluster de Pécs y figura clave del Cultural Innovation Competence Centre (CICC) en Hungría, participa actualmente en el CREMEL 2.0 International Bootcamp, centrado en la transformación digital y la integración de la inteligencia artificial en las industrias culturales y creativas.
Con motivo de su participación en el encuentro organizado por BDCC en Bilbao, conversamos con él sobre el papel estratégico de la creatividad, los retos de la IA y la importancia de construir ecosistemas colaborativos sólidos en Europa.
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“ El hilo conductor de todo mi trabajo -en televisión, radio, cine, desarrollo de clusters o consultoría- ha sido siempre la convicción de que la práctica creativa solo adquiere verdadero sentido cuando genera cambios duraderos en el trabajo de otras personas. Siempre me ha interesado comprender -y ayudar a comprender- cómo funcionan realmente las profesiones culturales y creativas. Hay algo fascinante en el hecho de que muchas veces nadie haya documentado completamente cómo se construye una producción teatral o cinematográfica, y aun así suceda. Los procesos viven en la experiencia acumulada de los profesionales, y con frecuencia las políticas públicas o los entornos empresariales no terminan de entender esa lógica. Durante treinta años me he encontrado una y otra vez con el mismo desafío: los sistemas que rodean a las industrias creativas rara vez están preparados para lo que realmente es posible. Mi trabajo ha consistido precisamente en introducir ideas antes de que fueran ampliamente aceptadas y mantenerlas vivas hasta que terminan convirtiéndose en una práctica normalizada.
Usted lleva más de treinta años trabajando entre cultura, tecnología y empresa. Mirando atrás, ¿qué hilo conductor une todas esas experiencias?
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Usted fue cofundador del Creative Industry Cluster en Hungría y posteriormente lideró el CICC. ¿Qué vacío detectó en el ecosistema creativo para impulsar estas estructuras?“ Cuando empezamos a trabajar en la idea de un cluster creativo en Pécs, a principios de los años 2000, el problema no era principalmente financiero, sino conceptual. El sector cultural y el empresarial simplemente no hablaban el mismo lenguaje. La idea surgió de una constatación muy práctica. Varias personas que dirigíamos organizaciones culturales y creativas importantes de la ciudad -televisión, radio, prensa, teatro, orquestas o eventos- nos dimos cuenta de que, aunque empleábamos a cientos de personas, no entendíamos realmente las oportunidades económicas que teníamos delante. El cluster nació precisamente para cubrir esa distancia: crear un ecosistema horizontal donde las pymes creativas pudieran colaborar, competir en mercados europeos y ser reconocidas como agentes económicos reales. Más adelante, el CICC se desarrolló con la misma lógica: entender que la innovación cultural no es un accidente, sino una competencia que puede identificarse, desarrollarse y compartirse.
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¿Cómo definiría hoy las industrias culturales y creativas, y por qué sigue siendo importante esa definición en las políticas públicas?“ Utilizo como punto de partida la definición de la Unión Europea: sectores cuyo valor está basado principalmente en el contenido intelectual y creativo. Pero, más allá de la definición formal, creo que las industrias culturales y creativas transforman la creatividad humana en valor económico y social sin perder su dimensión cultural. Esa doble naturaleza es precisamente lo que hace que el debate siga siendo tan importante. Cuando se adopta una visión únicamente cultural, el sector queda limitado a una lógica de subvención. Cuando se adopta únicamente una visión económica, se pierde la dimensión cultural. Para mí, además, existe un elemento central: la propiedad intelectual. El copyright es uno de los fundamentos económicos del sector. Vivimos de la explotación de los derechos de autor y, sin embargo, incluso dentro de las propias industrias creativas todavía existe un conocimiento limitado sobre cómo gestionar estratégicamente esos derechos. Definir correctamente el sector es importante porque determina quién recibe apoyo, qué resultados se miden y si las industrias creativas son tratadas como un activo estratégico o como un ámbito secundario.
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¿Cómo describiría la situación actual de las industrias culturales y creativas en Hungría?“ Han sido años de potencial desaprovechado. Ha habido intentos reales de desarrollar el sector, crear políticas públicas y poner en marcha modelos de cluster, pero con el tiempo muchas de esas dinámicas acabaron absorbidas por estructuras políticas y económicas muy centralizadas. Eso ha generado financiación fragmentada, dificultades para las voces independientes y una distancia importante entre los documentos estratégicos y la realidad cotidiana de las pequeñas empresas creativas. Al mismo tiempo, veo señales positivas. Recientemente hemos conseguido una nueva financiación para ampliar nuestro cluster a escala nacional junto con la red de cámaras de comercio e industria. El objetivo es construir un ecosistema sólido basado en el modelo de cuádruple hélice, integrando sector creativo, empresa, instituciones públicas y sociedad civil. Para mí, esa es una de las oportunidades más importantes que tiene actualmente el sector creativo húngaro.
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La inteligencia artificial está generando entusiasmo, pero también preocupación, dentro de las comunidades creativas. ¿Cómo ve usted esta transformación?“ Ambas cosas son ciertas. La IA representa una enorme oportunidad, pero también riesgos reales. Mi visión es fundamentalmente optimista. La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta extraordinaria para profesionales y pequeñas organizaciones creativas. Puede reducir tareas repetitivas, ampliar capacidades y liberar tiempo para el trabajo verdaderamente creativo. En el marco del proyecto europeo CREMEL 2.0 hemos observado que muchos profesionales ya están logrando mejoras importantes de eficiencia sin perder el control creativo de su trabajo. Pero también existen riesgos importantes. El primero es la erosión de los derechos de autor. El segundo es que los beneficios se concentren únicamente en grandes organizaciones con más recursos. Y el tercero es lo que llamamos la "trampa de las competencias": muchas personas tienen un conocimiento medio sobre IA, suficiente para utilizar herramientas básicas, pero no para integrar realmente estas tecnologías de forma estratégica. Por eso proyectos europeos como CREMEL 2.0 son tan importantes. No se trata solo de tecnología, sino de construir conocimiento abierto, accesible y centrado en las necesidades reales de los profesionales creativos.
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El proyecto europeo CREMEL 2.0 trabaja precisamente en herramientas y metodologías abiertas para el sector creativo. ¿Qué significa diseñar una formación útil para profesionales de contextos tan distintos?“ Significa empezar desde la realidad de las personas y no desde lo que creemos que deberían saber. Nuestra investigación mostró algo muy claro: la mayoría de los profesionales creativos no tienen problemas porque las herramientas sean inaccesibles, sino porque no saben cómo aplicar la IA a su práctica concreta, tienen dudas éticas o legales y carecen de espacios de aprendizaje compartido. Por eso creemos que la formación debe cumplir cuatro condiciones. Tiene que ser específica para cada sector, práctica, disponible en idiomas locales y gratuita en el acceso. No necesita lo mismo un diseñador de moda que una persona que trabaja en patrimonio cultural o en videojuegos. Tampoco funcionan los formatos excesivamente teóricos. Los profesionales aprenden mejor trabajando junto a otros profesionales de su propio ámbito. La metodología abierta que estamos desarrollando en el proyecto europeo CREMEL 2.0 busca precisamente eso: crear un marco flexible y adaptable que pueda utilizarse en distintos países y contextos mucho más allá del propio proyecto.
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Usted ha trabajado con organizaciones y socios de distintos países europeos. ¿Qué cree que hace especialmente valiosos proyectos y redes como BDCC?“ Lo más valioso de la cooperación europea es la posibilidad de construir verdaderas comunidades de aprendizaje. Cuando organizaciones de distintos contextos trabajan juntas, no solo comparten metodologías; también descubren que muchos de sus problemas son comunes. Trabajar con socios del País Vasco, Italia u otras regiones nos ha permitido comprobar que desafíos como la financiación fragmentada, la infravaloración de la propiedad intelectual o la dificultad para consolidar ecosistemas creativos sólidos son cuestiones estructurales en muchos lugares de Europa. En ese sentido, iniciativas como BDCC son especialmente importantes porque consiguen integrar el desarrollo creativo dentro de una estrategia industrial y territorial de largo recorrido. Ese compromiso institucional aporta estabilidad, visión y capacidad de conexión. Al mismo tiempo, creo que Europa necesita recuperar espacios de encuentro más humanos y presenciales. Las relaciones reales siguen siendo fundamentales para construir confianza y generar una comunidad europea creativa más fuerte.
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Para terminar: ¿qué le gustaría que responsables públicos, profesionales creativos y agentes culturales extrajeran de su experiencia y de proyectos europeos como CREMEL 2.0?“ Me gustaría transmitir una idea muy sencilla: las industrias culturales y creativas no son un lujo ni un complemento de la economía. Son uno de sus motores más potentes. Cuando las personas viven y trabajan en entornos creativos ricos, trabajan mejor, innovan más y generan economías más dinámicas. Durante demasiado tiempo las industrias creativas han sido tratadas como un sector secundario, cuando en realidad son fundamentales para construir sociedades más innovadoras y resilientes. También creo que el sector debe actuar con urgencia frente a la inteligencia artificial. La transformación ya está ocurriendo y es importante que los profesionales creativos participen activamente en ella, en lugar de limitarse a adaptarse a decisiones tomadas por las grandes plataformas tecnológicas. Finalmente, me gustaría lanzar una invitación a fortalecer la comunidad europea de profesionales que trabajan seriamente en cultura, creatividad e innovación. La cooperación entre regiones, clusters y organizaciones es más importante que nunca. La fuerza de una red no está en el conocimiento acumulado en el centro, sino en el conocimiento compartido entre sus miembros.